Dibujando así nunca se está seguro porque el sentimiento es algo definitivamente torpe, tiene definitivamente menos brazos que sólo desde la torpeza pueden atrapar: queriendo o sin querer se habita siempre como por primera vez. Nuestra sensibilidad casi nunca se permite sentir del todo porque lo haría demasiado, se rinde siempre al miedo a equivocarse, paralizada en grave peligro al otro lado de un cristal. Esta superficie tan plana en apariencia es, en nuestras actuales condiciones, impracticable: ni fu, ni fa.






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