Cuánto se pierde cada vez que un ser humano renuncia a lo que sabe que es mejor. Cada día es una suma de pequeñas tragedias, millones de ellas que entran en colisión, y tu renuncia afectará a quien no conoces sin tú saberlo. Dicen que lo habitual es distinguir entre el bien y el mal, luchar en vano y rendirse a una maldad que toma posiciones al asalto, que se renueva incansable porque no tiene final, y de eso cada uno de nosotros tiene toda la culpa.






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