Me pregunto quién es el encargado de perpetuar la ficción de lo verdadero, si es cierto que hay alguien en algún lugar.
     De acuerdo, es triste que nuestro afán se mida con el patrón de valores que, precisamente porque pertenecen a todos y a cada uno según su manera particular, no parecen estar en posesión de nadie y ni siquiera han sido formulados con exactitud, pero ¡qué sería de nosotros si realmente existieran fuera de nuestras imaginaciones!
     ¿Nos dañaría la retina quizá, el resplandor de su figura?
     Mejor dejemos todo como está. Procuremos olvidar nuestra vanidad y simplemente aferrémonos a las extrañas convicciones que necesitamos para subsistir. Hagámoslo fuerte. A estas alturas no soportaríamos no tenerlas, ser como los demás. Atémonos a ellas, hasta esclavizarnos.






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