Dibujar es decir lo que no sabes y nadie sabrá; trabajar mucho para recibir más negativas, el feo afán de querer coleccionarlas. Los alrededores, las miradas, las figuras que dibujo, incluso una piedra tropezada por ahí: todos dicen que no, cada
línea me dice una y otra vez que no. Y así es como sin quererlo me desdigo para escapar de caras tan inquisidoras que parecen saberlo todo. Sueño con un discurso en línea recta, con evitar las consecuencias de vivir torturado por las dudas, agobiado de razones a su medida; el precio de sentirme apremiado por la necesidad imaginaria de explicar lo que me pasa. ¿Me oís? Soy yo, he elegido el camino más largo. ¿Qué necesidad tengo de tantos afanes, de ofrecer lo que nadie me ha pedido? En la ausencia total de esperanza, topar; ¿pero con qué?






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