Hoy, después de tantos años de extrañamiento, afirmo que mi vida es un vacilar entre líneas que a casi todo se resignan, que las zarzas son muchas. Yo negaría la realidad, pero lo cierto es que me sirve de madeja, no puedo escapar: vivo para perpetuarla, para sobrescribirla; una rebeldía demasiado manifiesta me condenaría a un vacío cósmico.






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