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Definitivamente podemos afirmar que la luz no brilla para nosotros.
Pertinaces nubes nos arrojan en la sombra, nubes que no adornan
cielos ni prometen lluvias, sino más bien matorrales o marañas, una
niebla mezquina y escabrosa.
Pero por desorientado que te sientas, por mucho que te afecte la
ausencia de brújulas, te sabes afortunado porque lo más parecido a
la felicidad es la fatiga de profundizar en nuestro destino.
Imposible sustraerse a los esfuerzos baldíos, esas sombras que
coronan los dibujos. Dibujar es un ejercicio de paciencia y la
paciencia del artista es así de paradójica. Tranquiliza mucho saber
que equivocarse es otra cosa: hacerlo mal haciendo algo es
imposible. |