Protesto a veces, pero de nada sirve poner reparos a una necesidad sin fondo, es imposible acabar con el anhelo. Parece como si el hacerse desgastara de tal modo a mis dibujos que no llegan a disfrutar de sus beneficios porque acaban agotados. Es tal el deterioro que las figuras sufren en el esfuerzo por nacer que hablar de logro cuando lo consiguen parece una burla. Dibujar es lo más parecido a querer sacar conclusiones a fuerza de desearlas, resistiendo a duras penas la amenaza constante de la vulgaridad y el fingimiento, su maldita presencia enredando nuestras intenciones, casi convenciéndonos de que tanto sinsentido no tiene nada nuevo que deciros. Y así es como uno renuncia sin darse cuenta a las cosas buenas que la vida ofrece, lo hace a cambio de una inútil seguridad en sus convicciones; pobre consuelo para entretener la espera agotadora de un desagravio que no llega, nunca llegará.






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