Todo lo que hacemos debería estar de paso. El problema de muchas cosas es que en ellas se percibe todo como demasiado aquí; sus pormenores han durado demasiado como para decirnos verdaderamente algo, se han gastado y parecen dirigirse sólo a sí mismos. Es todo demasiado existente, demasiado avasallador, hay demasiado sí en todo para que podamos permitirnos el privilegio de dudar, y lo que pasa es que nosotros si no dudamos no existimos y si dudamos no somos para los demás.






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