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Yo lo miro más que tú
que te limitas a mirarlo. Yo lo miro dos veces, dibujando lo deshago
para luego rehacerlo deshaciéndolo otra vez. No afirmo aquí, no
quiero, no tengo: toco el tambor en que se ha convertido nuestra
piel. Amo la espera, cada minuto, la línea inservible, la miga de la
goma, las digresiones estériles. |