|
La paradoja de nunca
necesitar nada con rostro, con ojos, sobre todo ser necesitado sin
saberlo. Ser llamado a gritos para decir no, levantando espinosa
muralla alrededor mientras suplico un poco de socorro, mi porción.
Robinsones en islas desiertas que trabajan sin pensar en nadie pero
que para ser felices necesitan mucha gente; es así, no importa lo
poco que piensen en ella, lo poco que lo reconozcan. Dibujar para
sentirse un poco cada día más querido por el prójimo, sólo eso.
Demasiado para no saber decirlo, demasiado porque yo no sé pedir
nada a personas; lo hago en abstracto, sin concretar el qué ni a
quién y por eso digo que de nada me sirve.
Renuncio: no aceptaré nada procedente de otras manos ni
obtenido con mis manos porque no hay nada gratuito entre nosotros,
nada que no haya pertenecido antes a alguien y yo no quiero
arrebatarle nada a nadie. |