Algún día lograré lo inverosímil y perfilaré por fin los contornos del problema: el árbol y cada una de sus hojas, el hacha que lo derriba en este preciso momento y también la superficie donde discurren los caminos, el principio y el final. Mientras tanto voy entreteniendo la torpeza, la capucha, la rueda dentada que gira inexorable y todas esas emociones dictadas por la extrema necesidad.
     Soy un insensato y eso es un inconveniente, lo sé, pero es que la vida transcurre tan lejos de la bondad y es tan duro no poder vivirla de otro modo... Nada es inocente, a mi alrededor todo es mezquino, pero mis dibujos no, no del todo; cada uno de ellos es un pequeño ejercicio de candor, aproximaciones fallidas a lo absurdo que apenas alcanzan para compensar el peso muerto de nuestras vidas, pero que lo intentan. Lo intentan, y eso es más de lo que puedo decir de todos vosotros.






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