|
Pálida respuesta que
nuestra castigada sensibilidad ofrece sin querer; suspiro presente
fruto del primer extrañamiento sufrido pasado golpe por el candor.
Perpetua violencia llamada los demás, algo tan simple que no soporta
sin angustia, rencor o inquina mi pobre pobre yo.
Silencio que persigue a la bofetada, monstruoso golpe para
inocencias tan desprotegidas que no podrán soportarlo más de una
vez.
Hay tristezas sin razón aparente que son como un acolchado para
el mundo, un amortiguador preventivo bastante económico pero que
frente a lo extraordinario se revela siempre como inútil. Ante
ataques extraordinarios hay que ofrecer resistencias extraordinarias
y una tristeza como esta es siempre lo común. A no ser que llegue el
día en que tanta indiferencia deje de parecernos extraordinaria. Y
tú que lo veas. El milagro vuela, besa cuando y donde quiere, no
conoce final ni conoce manantial. |