Pálida respuesta que nuestra castigada sensibilidad ofrece sin querer; suspiro presente fruto del primer extrañamiento sufrido pasado golpe por el candor. Perpetua violencia llamada los demás, algo tan simple que no soporta sin angustia, rencor o inquina mi pobre pobre yo.
     Silencio que persigue a la bofetada, monstruoso golpe para inocencias tan desprotegidas que no podrán soportarlo más de una vez.
     Hay tristezas sin razón aparente que son como un acolchado para el mundo, un amortiguador preventivo bastante económico pero que frente a lo extraordinario se revela siempre como inútil. Ante ataques extraordinarios hay que ofrecer resistencias extraordinarias y una tristeza como esta es siempre lo común. A no ser que llegue el día en que tanta indiferencia deje de parecernos extraordinaria. Y tú que lo veas. El milagro vuela, besa cuando y donde quiere, no conoce final ni conoce manantial.






< 43 >

índice