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Infelices, solos y desnudos, incapaces de mentir en su propio
beneficio, siempre juzgándose, siempre pasándolo mal, qué harán con
las compasiones que no consiguen despertar sus tristísimas caras,
sus tristísimas navegaciones, qué harán con sus castillos de deberes
frustrados, para qué sirven estas súplicas que tan poco lo parecen. |