Consumidos por la evidencia de su malestar, humildes pero inflexibles, mis dibujos se justifican por el hecho de existir, de reclamar ese poco de atención, cumplen su cometido siendo así. Todos ocurren necesariamente, sin ley ni razón y no necesitan el respaldo de argumentos. No ofrezco resultados que ofrezco cartas de fe, desvelos de solitario que no piden solidaridad sino simpatía; pero los galeotes sólo mueven a compasión. Sus corazones palpitan, mis esfuerzos están ahí pero nadie parece darse por aludido, nadie se detiene a considerar lo poco que cuesta y lo mucho que lo necesitan; nadie lo hace y la conciencia de habitar un territorio común pasa a través de ellos sin dejar huella, sin nadie que se dé cuenta de que estas figurillas somos nosotros, que mis personajes os quieren representar; y todo porque no queda claro lo que ofrecen a cambio.






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