|
El
ansiado beneplácito, un privilegio definitivo consistente en el
respeto de todo el mundo y la sonrisa de vuestras bocas; un torrente
de bellas y sinceras palabras derramándose sobre mi cara beatífica,
colmando mi cándida mi bendita inocencia; imposible discernir si
trabajo para conseguirlo o para escapar de una realidad que me ha
condenado a soñar con algo así. |