Uno necesitaría tantas palabras para no se sabe que prefiere un dibujo. Hay angustias que duelen el doble porque no puedes explicarlas. Piden forma pero no se dejan apresar por la retórica, si hablasen, llorarían.
     Soportamos mejor las preocupaciones de siempre, por muy arduas que sean: cuánto tranquiliza la simetría de las dudas habituales, los cinco inevitables dedos en que termina cada una.






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