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Parece que las
verdades son más verdaderas cuando aplastan, cuando se ofrecen
monstruosas, ridiculizando cualquier otra afirmación. Parece que
abundan las verdades excluyentes, las que convierten en un páramo
sus alrededores.
No puede ser.
Hay verdades inocuas, verdades que se ofrecen sin la pretensión
de imponerse y nunca por oposición a nada, que a menudo ni siquiera
disfrutan de la pasión que se supone a sus defensores porque han
sido despreciadas demasiadas veces: un nuevo triunfo de la mentira,
victoriosa en ausencia de rival. |