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No me siento a gusto;
a duras penas he conseguido pertenecer un poco a vuestro mundo, pero
no lo suficiente.
No lo suficiente para vivir o respirar sin tener que desearlo
cada vez con doloroso rozamiento, tragando arena, sin posibilidad
alguna de escupir lo aprendido sin querer, en doloroso ruego por
devolver al silencio lo oído, el cuerpo a lo perdido de una vez.
Yo soy uno de tantos; suelo olvidarme de vivir los deseos como
algo angustioso, como esa necesidad inaplazable que se llama tú a
veces, y ante la inminente posibilidad de quedarme sin nada me
muestro tan impasible como todos. |