No me siento a gusto; a duras penas he conseguido pertenecer un poco a vuestro mundo, pero no lo suficiente.
     No lo suficiente para vivir o respirar sin tener que desearlo cada vez con doloroso rozamiento, tragando arena, sin posibilidad alguna de escupir lo aprendido sin querer, en doloroso ruego por devolver al silencio lo oído, el cuerpo a lo perdido de una vez.
     Yo soy uno de tantos; suelo olvidarme de vivir los deseos como algo angustioso, como esa necesidad inaplazable que se llama tú a veces, y ante la inminente posibilidad de quedarme sin nada me muestro tan impasible como todos.






< 28 >

índice