No son ilustraciones, ni siquiera metáforas a mi alrededor. Mis dibujos pasan porque son el pasar, y mientras pasan van dejando de ser cosas y se vuelven sucesos o aconteceres. Y lo mejor o lo peor es que cada dibujo puede para siempre seguir pasando o repentinamente dejar de ser. Su mérito no está en la verdad que fluye de su ingenua torpeza, ni en esas pocas gotas de belleza inesperada, sino en la sinceridad de sus pocas razones, en que alguien pueda vivirlas como verdades independientemente de que se trate o no de mentiras, porque lo que pasa la mayoría de las veces lo es; así, sin más.






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