|
Estamos esperando las consecuencias de lo que hacemos. Consecuencias
en forma de cristales rotos o de gritos, de charcos o edificios por
el suelo. Tienen que llegar: la perfección no necesita
consecuencias; nosotros sí.
Imprescindible
renunciar a la belleza para estar a salvo de las obligaciones que se
cobra. Simplemente im-pres-cin-di-ble. |