Estamos esperando las consecuencias de lo que hacemos. Consecuencias en forma de cristales rotos o de gritos, de charcos o edificios por el suelo. Tienen que llegar: la perfección no necesita consecuencias; nosotros sí.
     Imprescindible renunciar a la belleza para estar a salvo de las obligaciones que se cobra. Simplemente im-pres-cin-di-ble.






< 46 >

índice