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No estoy seguro de que mi vida sea un fracaso, casi de que lo puedo
hacer mejor, de que mis rencores son escasos o minúsculos. Quién
sabe, a lo peor son esas revelaciones repentinas y el momento de la
mía aún no ha llegado: nunca puede descartarse la posibilidad de ser
una completa ruina. De
momento y para mi sorpresa, en el espejo brillo intacto como
cualquiera de vosotros, no tengo heridas ni mala presencia, el más
mínimo rastro de retorcimientos interiores. Aparentemente no
necesito nada, ni tampoco compasión de nadie.
Es increíble, no puede ser cierto.
Quizá se trate de comezones internas que te van devorando como
un cáncer. Urgencias que se hacen patentes cuando ya no hay remedio.
Por si acaso seguiré buscando síntomas. |