En general concebimos el dolor como algo que debe paliarse, cada día un aplicado ejercicio de desmemoria que nos permita resolverlo en cicatrices, olvidarlo para siempre y poner en su lugar algo menos traumático. Pero lo cierto es que no necesitamos ser rescatados del dolor, podemos incluso elegirlo conscientemente y coronar con él nuestras sensibilidades acartonadas.






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