|
Es mucha la zafiedad que
nuestras bocas escupen. Combatirla encarnizados, no nos queda otro
remedio: una conducta frívola nos ensuciaría más aún.
Pero nos avergüenza tanta pasión: bañados en pudor suspiramos
el desánimo de la impotencia. ¿Acaso no podemos comportarnos como
personas normales, tener deseos normales en proporciones normales?
¿Por qué nos resulta tan difícil pasar por alto tantas cosas? |