Dibujar sin parar sobre el mismo sitio, insistir tanto que las líneas se amalgaman, se emborronan en su busca. Fango, dibujos como bañados en aguas sucias, huelen a sinfín. ¿Qué tienes salvo cosas confusas, enredadas? Dibujar así sólo consigue espesar la espesura, oscurecer la oscuridad: rodear de reparos lo que puedes, volver atrás, sumergir lo que haces en dudas, hasta el mismo principio. Túneles infinitos que son sin porqué y están adornados con espejismos en forma de resplandores que se adivinan con cada desfallecer: fugaces, crueles resplandores sin salida. Profundos papeles donde todo vive a oscuras, escondido o hacia dónde; escenario de ridículas figuras preparadas para fracasar una vez más: ¿acaso algo, alguna vez, es suficiente? ¿Cómo te atreves entonces a pedirle tanto a lo que haces?






< 21 >

índice