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Dibujar sin parar sobre el mismo sitio, insistir tanto que las
líneas se amalgaman, se emborronan en su busca. Fango,
dibujos como bañados en aguas sucias, huelen a sinfín. ¿Qué tienes
salvo cosas confusas, enredadas? Dibujar así sólo consigue espesar
la espesura, oscurecer la oscuridad: rodear de reparos lo que
puedes, volver atrás, sumergir lo que haces en dudas, hasta el mismo
principio. Túneles infinitos que son sin porqué y están adornados
con espejismos en forma de resplandores que se adivinan con cada
desfallecer: fugaces, crueles resplandores sin salida. Profundos
papeles donde todo vive a oscuras, escondido o hacia dónde;
escenario de ridículas figuras preparadas para fracasar una vez más:
¿acaso algo, alguna vez, es suficiente? ¿Cómo te atreves entonces a
pedirle tanto a lo que haces? |