Quiero ser mensajero de la bondad y su sonido de campanitas, tilín, tilín. Quiero ser indiferente a la indiferencia, portavoz de un idealismo poco estudiado, casi secreto. Estar seguro de saber algo importante y sentirme obligado a contarlo a despecho de mi torpeza. Quiero reconfortar con argumentos recién llegados, sonrisas capaces de sobreponerse a las distancias queridas y a las sin querer. Todo eso quiero y porque quiero puedo huir de las evidencias, abrazar un destino que me sitúa en lejanas galaxias, allí donde mi escaso resplandor no tiene más remedio que pagar el precio de su soledad.






< 5 >

índice