|
Quiero ser
mensajero de la bondad y su sonido de campanitas, tilín, tilín.
Quiero ser indiferente a la indiferencia, portavoz de un idealismo
poco estudiado, casi secreto. Estar seguro de saber algo
importante y sentirme obligado a contarlo a despecho de mi torpeza.
Quiero reconfortar con argumentos recién llegados,
sonrisas capaces de sobreponerse a las distancias queridas y a las
sin querer. Todo eso quiero y porque quiero puedo huir de las
evidencias, abrazar un destino que me sitúa en lejanas galaxias,
allí donde mi escaso resplandor no tiene más remedio que pagar el
precio de su soledad. |